Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 16 de diciembre de 2017

Milena Jesenská, "el brillo de sus ojos fulmina el dolor del mundo".

"Ella es fuego vivo, como yo jamás había visto [...]. 
Sin embargo es, al mismo tempo, dulce, animosa, inteligente y
 volcada totalmente al sacrificio, o, si se prefiere, lo consigue todo a través de su sacrificio..." 
(Franz Kafka, acerca de Milena)*

(Sugerencia: se puede leer este posteo escuchando  Pélleas und Melisande op.5, de Arnold Schönberg, 1903)

Milena ama a Kafka, incluso lo ama por sus tormentos, sus extravagancias, sus oscuridades.
Lo ama como ama Milena: apasionada y exageradamente. Milena no especula ni despliega los artilugios habituales de la histeria. Esa forma de amar suele asustar a los hombres comunes, aunque claro, Kafka no es un hombre común, pero es un hombre. Ella lo reconoce como el genio que es, cuando nadie lo hace."No sabes nada de alguien hasta que no lo amas", le dice Milena a su amiga alemana Margarete.
Él, a su vez, valora en ella sus múltiples virtudes, a pesar de que sus inseguridades le impiden a ella darse valor. Le escribe: "Habría que tomar su rostro, Milena, entre las dos manos y mirarla fijamente a los ojos para que se reconociera a sí misma en los ojos del otro y a partir de entonces fuese ya incapaz de ni siquiera pensar las cosas que en ella ha escrito". Y también: "el brillo de ssu ojos fulmina el dolor del mundo" (3 de junio de 1920). **
Se ven pocas veces en los dos años que dura su relación, y sin embargo, sostienen su amor con cartas. Las de él, nos han llegado hasta el presente y se han publicado, las de ella, más dispersas.
Kafka era un genio y, sin duda, uno de los escritores más influyentes del siglo XX, de los indispensables, aunque él jamás llegó a enterarse. Milena también, pero la historia también está tomada por el discurso patriarcal, de modo que sabemos mucho menos de ella y por lo general se la conoce como "la amante de Kafka". 
Milena había nacido en 1896, en el seno de una familia burguesa mitad burguesa, mitad aristocrática y culta de Praga, y morirá en 1944 en el campo de concentración de Ravensbrück, Alemania. Allí no solo demostrará su enorme energía vital, su vocación periodística que la lleva a intentar conocer y escuchar a los demás, sus críticas a todos los totalitarismos, incluso y pagando por ello un alto costo, al Partido (Comunista, obviamente) en cuyas filas había militado en Praga y por lo cual se enfrentará con otras prisioneras políticas, como ella, mujeres rusas o alemanas que siguen fieles al partido soviético a pesar de las purgas estalinistas. Allí nacerá una profunda amistad con otra periodista y escritora, alemana ella, Margarete Buber-Neumann, que viene de sobrevivir a un campo de reclusión soviético y sobrevivirá también a lo nazis. Y escribirá la historia de la amistad con Milena, para homenajearla y reivindicarla.
Ya desde muy joven Milena enfrenta al dolor, y se sobrepone, con la temprana de su muerte de su madre tras una larga agonía que deja a la adolescente en el rol de enfermera que asiste a la decadencia, el sufrimiento y el ocaso de la persona a la que más ama. Su padre, autoritario, nacionalista y narcisista, exitoso médico que aspira a destacarse en la sociedad checa, no soporta la rebeldía de la joven estudiante, sus extravagancias, y le impone duros castigos. Sin embargo ella resiste, elige una y otra vez el camino del amor, la amistad y el compromiso con artistas, bohemios, militantes políticos,  feministas. Estudia en el exclusivo Instituto para Niñas Minerva, y muy joven aún, se enamora de de Ernst Pollak, un escritor austriaco judío, lo que enfurece a su padre, que le retira todo su apoyo tras casarse con él, por lo que se irán a vivir pobremente en Viena.
En 1919 lee unos cuentos del checo de lengua alemana Franz Kafka, entonces Milena le escribe por primera vez para pedirle autorización para traducirlos al checo. Así se inicia un apasionado intercambio epistolar que durará dos años: de 1920 a 1922,  que dará origen a su amor. Es un amor en el que sólo se ven dos veces: unos cuatro días en Viena y un día en Gmünd.
Es un amor plagado de malos entendidos, reproches, intensos y breves encuentros tormentosos y deseos que enloquecen a los amantes. Las Cartas a Milena de Kafka así lo muestran. Se escriben todo el tiempo, las cartas van y vienen, las respuestas se confunden, como sucede a veces hoy con los chat, aunque con mucho más arte, elegancia y estilo. Ella no se decide a dejar a su marido, él, me parece, se asusta de la intensidad del amor y el sacrifico de ella. No se entienden, ¿qué enamorados se entienden hablando? 
"Pero, niñita (soy yo el que habla así a Medusa), tomas en serio todas mis estúpidas bromas (de žid y nechápu [44] y de «odio»), yo sólo quería con ello hacerte reír un poco; el miedo crea malentendidos entre nosotros",** le escribe él 13 de junio de 1920, por ejemplo.
Como se sabe, enfermo y deprimido, Kafka muere en 1934. Ella escribirá sobre él para el diario Narodni Listy de Praga, que era: "tímido, retraído, suave y amable, visionario, demasiado sabio para vivir, demasiado débil para luchar, de los que se someten al vencedor y acaban por avergonzarlo".
Desde 1920 Milena se convierte en una referente del mundo cultural y comunicacional de su entorno y será reconocida como una periodista muy original, feminista y jugada. En Viena colabora con los periódicos checos Tribuna y Národní Listy y las revistas Pestrý týden y Lidové Noviny. Entre 1938 y 1939 edita Presencia (Přítomnost), un importante semanario cultural y político (Praga). Una vez divorciada de Ernst Pollak, se radica nuevamente en Praga, la ciudad que ama (Margarete cuenta que en el campo de concentración ella se presentaba como "Milena, de Praga", sin mencionar su apellido, que le parecía menos relevante que su ciudad).

"A Dios gracias, no se puede matar el amor. Es más fuerte que todas las barbaries"
Se casará con el arquitecto checo Jaromír Krejcar y en 1928 nace su hija Jana, y ambos militan en el Partido Comunista Checo, pero al conocer los crímenes de Stalin, se volverán muy críticos. El matrimonio no dura, Milena comienza una etapa de intensa actividad profesional y a la vez, mucha tragedia, se hace adicta a la morfina, se desencanta del comunismo, apoya a los judíos que están siendo perseguidos por los nazis. Es decir, elige la libertad y el sacrificio. 
Pagará un costo por sus posicionamientos públicos: la Gestapo la detiene en 1939 y la recluye hasta su muerte en el campo de concentración de Ravensbrück, donde se convierte en enfermera. 
Solidaria, valiente siempre, preocupada por las demás prisioneras, no se aviene a perder su humanidad, a convertirse en un deshecho, una cosa con la cual los carceleras opresores pueden hacer lo que quieran. A pesar del quebranto físico de la enfermedad y el hambre, organiza espacios para poder seguir conversando de arte, literatura y política con su amiga Margarete Buber-Neumann, para hacer de esos diálogos una especie de isla que las salve del estado de muertas vivas en el que están sumidas la mayoría de las prisioneras, quebradas.
"A Dios gracias, no se puede matar el amor. Es más fuerte que todas las barbaries", le dice Milena a su amiga, al contemplar las miradas de las prisioneras que aún degradadas a la condición de objetos, pueden brillar cuando se cruzan con el brillo de la mirada de otro prisionero de un barracón lejano, o un joven soldadito SS que se juega la vida por amor a una gitana.
Milena muere en el campo de concentración en 1944, debido a una infección renal.


*Buber-Neumann, Margaete, Milena, Buenos Aires, Tusquets, 2017.
**, Kafka, Franz, Cartas a Milena, disponible en https://drive.google.com/open?id=1haSjIqww1-ucInZfujpKtnV-SWT5oirh

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Soy yo


Oskar Kokoschka, La novia del viento, 1914.
"A veces los pensamientos me brincan como las chispas que saltan
al afilar un cuchillo
y el corazón lo tengo como colgado de un pequeño anzuelo, ¿sabe?,
de un clavo muy delgado...."
(Milena Jesenská)*


Lo estaba sosteniendo con alfileres oxidados y no se daba cuenta. 
Creía que él la había hecho reír porque ella pertenece a otro tiempo.
Y como el poeta chileno mayor y maestro (NP) del prosista poeta chileno que #EllaAmaMás (RB, obvio) se dijo: "yo todavía creo en el ser humano".

Pero como dijo hoy CC, vivimos en una época de subjetividades narcisistas. Y su incorregible franqueza, y su entusiasmado relato, alimentaron en él su constante reflejarse en el espejo, pero a ella nunca la vio.
Creyó que estaban riendo juntos, o que él estaba haciéndola reír con sus cuentos de los lagos y montañas lejanos y fríos, de las quimeras y otros animales fantásticos o salvajes y de los hombres y mujeres sin tiempo, y lo que pasaba era que ella se había reencontrado con su propia risa.
A pesar del mundo oprobioso, cínico e injusto, lo estaba pudiendo lograr, pero no era él.
En medio de tantos dolores y tantas mentiras, del saqueo y las persecuciones, los peligros que sufrían los hijos, a veces se escuchaba reír en silencio mientras iba en bicicleta escuchando una canción y cuando limpiaba los vidrios de las ventanas o preparaba la cena para los de la casa y las visitas.
Ponía un disco de Blur y lo iba bailando mientras sacaba los yuyos de los canteros.
Miraba el eterno azul en la mirada del hijo y era feliz como una novia en el viento.
Era yo, dijo su propia voz.
Soy yo, repitió.
En todo caso el vos que para mí inventé, descubrió. 
Cayó el telón.
Se encendieron las luces.
Se terminó la magia, pero no la risa.

* Del libro
Milena, de Margarete Buber-Neumann, Tusquets, Buenos Aires, 2017.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Ningún guerrero azteca

Batido como un merengue, de rápida subida la espuma, abunda un entusiasmo no despreciable y engañoso como una bruma en alta mar.
Se ve en el otro todo lo que queremos ver, hasta sus opacidades nos parecen brillos de nobles metales aunque una voz interna nos advierta que no es más que un viejo espejito de colores, baratijas que se encuentran en cualquier mercado de por ahí.
Pero una va e insiste, por todo ese rollo de la infancia que escuchamos como si fueran frazaditas de invierno o limonada fresca en verano.
Adornos, poemas, canciones y oropeles desperdiciados en actores que nunca pasarán de papeles secundarios en nuestra vida.
Hacemos simulacros de amor y desamor.
Escenas de celos que no se sienten de verdad y rencillas de cartón que desconectan.
Rendimos pleitesía a un romanticismo irremediablemente pasado de moda en el mundo y en nosotros, como no sea en la literatura o el cine.
Insistimos en inventar un hombre donde hay solo un semblante y una serie de máscaras de papel mache mal pintado.
Y de pronto, cuando no lo esperamos, alguien más honesto nos invita unos tragos, un momento dionisíaco entre tantos panteones desangelados y desvitalizados. Pertenece a un mundo nuevo menos laberíntico, habita en escenarios mejor construidos y es joven; entonces te ama unas horas sin necesidad de inventar romances.
Y una verdad empieza a crecer en tu interior pero no querés darle paso porque es una penita dejar escapar las mariposas antes de polinizar las gardenias, o sucumbir a esos aromas veraniegos.
Aunque hay tantas señales que es imposible ignorarlas sin comerse la banquina.
Es hora de pegar un volantazo.
Si...
Caen las murallas de las fortalezas sitiadas.
Caen los imperios eternos.
Sacrifican a Moctezuma propios y ajenos a la vista de los dioses viejos y nuevos.
Mueren los héroes y las heroínas.
Acribillan a millones de muchachos y muchachas en flor en cada guerra.
Desaparecen los más grandes y nobles amores.
Cómo no caerías vos también al primer soplo si no has hecho otra cosa que desvanecerte desde que?
No quiero perder el encanto pero el hechizo se ha roto.
Remo contra la corriente.
Y ya no te veo.
Lo que veo no lo quiero.
Lo que quiero no lo tenés.
Ya ni pena da porque se me escapan tu voz y tus facciones.
Más pena da haber creído una tarde que eras guerrero azteca, algo brutal y sanguinario pero decidido y valiente.
Tu ego saciado de palabras -tuve que hacerlo para que no cayeras de entrada, lo sé, a la fe hay que ayudarla en estos tiempos profanos-, alimentándose de juegos infantiles y pequeñas crueldades.
Mi risa ya se ríe en otras comedias
y, como escribe en alguna parte Silvina Ocampo (citando de memoria): única sabiduría, que todo pasa como si no hubiera pasado.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Esa flor

A veces es la desesperación la que empuja un cuerpo al abrazo de otro, es el impulso de llenar el vacío que ha dejado otro cuerpo, es el pez que ya fuera del agua se sabe muerto pero todavía boquea.
Es la vida que puja por sobreponerse a la tormenta.
(Te veo y se me rompe el corazón en mil pedazos y creo que no hay fuerza de la naturaleza capaz de producir la energía suficiente para recuperarlos, porque te veo y en tu mirarme se adivina esta pena que tenemos por lo que no pudimos.
Y se instala esa piedra en el pecho que es como ahogarse sin palabras, y ambos bajamos la mirada para evitarnos uno al otro ese llanto que se nos va formando en la garganta y quiere salir).
Era tan lindo cuando sabíamos reírnos y nos lamíamos las heridas uno al otro.
Sé que este dolor que ahora nos une es algo mucho mejor que no haber amado, pero cuántas ganas a veces tengo de liviandad.
A veces es necesario enamorarse unas horas o unos días de alguien más para olvidar el desgarro, la mirada que nos persigue de aquel que se adueñó de nuestras células y vive ahí, aunque creamos que no podremos soportarlo, aunque deseemos el olvido casi tanto como le tememos.
Es como Sabina Spielrein y su drama de amor con Jung, que nunca le dará lo que ella quiere, si es que eso que ella quiere es el hijo, la vida, y sólo puede darle dolor y muerte y ella aun así lo ansía.
Se irá, se alejará, hará un oficio de curar y de educar de lo que la locura, el amor también enloquecido que él le inspira y el rechazo le enseñaron.
Amará a otros hombres, llegarán las hijas, incluso tendrá mejores amantes posiblemente. Pero no dejará de añorarlo, no dejará ese anhelo.
Es esa flor única, esa promesa de pura belleza que retorna a empañar los atardeceres de domingo, será que será.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Si en vez de

Si en vez de escribir como una loca mientras camino por la calle caliente de la city escuchando canciones tristes.
Si en vez de eso me sentara en uno de esos bares cooles y pidiera una limonada con menta y jenjibre (y soportara la música de mierda que pretende ser ambient pero es sólo de mierda).
Y me pusiera los anteojos.
Si en vez de marchar me quedara mirándolo por la tele.
Si en vez de tantos libros hubiera comprado un split cuando convenía.
Si en vez de esperar noticias tuyas te guardara en el archivo del segundo subsuelo y me fuera a pasear con el chico que me invitó justo a tiempo cuando me iba a desvelar pensando en vos hasta que no.
Si me leyeras...pero quiero decir, si de verdad me leyeras sin buscarte donde no estás o sin encontrarte donde te hablo solo a vos; si dejaras el ego un rato de lado, si olvidaras mis tonterías y exageraciones de este pathos que es y no es lo que soy; si pudiéramos acordarnos al mismo tiempo de que somos tan crudamente y divinamente mortales y todavía tenemos cuerpos.
Si en vez de esta maldita Capadocia tomada por los apóstoles del odio y reclamada por laburantes cuyos lideres leyeron mal a Marx (y a todos los demás) y se equivocaron de siglo.
Si en vez de eso me vieras parada en esta esquina escribiendo en un telefonito, te darías cuenta que esto es una comedia y no un drama ruso?
Te darías cuenta que además de faltarle a este teclado toda una gama se signos de puntuación imprescindibles y (la Itálica!) me sobra urgencia porque fui y volví de unos avernos, y tengo unas cicatrices que lo cuentan mal y es por eso que trato de aferrarme a la lucha de la vida y no a las gozosas pero sosobrantes aguas de la melancolía?
Y justo cuando entro al bar ponen Beatles.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Como Ana K pero al otro lado del río

"Y Vronsky procuraba recordarla tal como era cuando la encontró por primera vez,
 también en la estación, misteriosa, espléndida, enamorada, 
buscando y procurando felicidad, 
no ferozmente vengativa como la recordaba en el último momento". 
(León Tolstoi, Ana Karenina)





Si yo fuera una poeta escribiría una letra para una canción. Y le pediría a los músicos que en alguna parte sonaran dos guitarras a la vez, una voz masculina, una voz femenina, algunos intervalos breves solo instrumentales.
Siempre, en algún momento, un pianito. Tal vez un saxo o un violín, no es imprescindible, pero si lo es un solo de batería, algo que levante.
Porque mi letra tendría ese peso de las telas aterciopeladas, azules, verdes, que se tornasolan según les de la luz.
Y diría algo así, como que cómo es posible que seas el mismo día la luz de una mañana de primavera, de esas donde por la ventana entra un perfume de gardenias, o de jazmines, o de lavandas. O el olor del pasto mojado y los colores de un arbusto de hortensias.
Y la noche del invierno lluvioso y húmedo, que es como la niebla que se posa en la copa de los árboles en los bosques, en las plazas y en las montañas en las madrugadas. Y abro mi boca como si fuera a besarte pero sólo sale el humo que el contraste de temperaturas crea entre nosotros: nubes de humo que se esfuma, y desdibuja lo que no fuimos, y me doy vuelta y abrazo al que está al lado para calentar la cama, y mis pies cansados.
Mi letra lograría hablar en tres versos cortos de cómo te extraño cuando te vas de viaje a Marte y me quedo acá, cuidando mi pequeña y hermosa huerta; leyendo ensayos sobre los locos y los artistas que transforman el mundo, o comiendo, bebiendo y riendo con mis amigos, amando estos atardeceres en la ciudad de los jacarandaes y los trenes que van y no vienen y enamorándome de los extraños en las estaciones de subtes en la ciudad de los más ricos y los más malos.
Y que te olvido cuando te montás a esos satélites que se fugan hacia los agujeros negros, tal vez peleando batallas ancestrales, tal vez escapando de una pena de amor o de un fantasma que te acecha desde la infancia, o tal vez buscando la aventura de los marineros, los astronautas o los naturalistas.
Te pongo nombres, te dibujo arrugas y barbas, te invento oficios, te observo las manos, te afeito. Te saco los lentes, te veo como si tuvieras 15 años y se me llena el alma de ternura, y de compasión, y de sentimientos que bordean al amor, pero un amor que podría ser llamado de otra forma, un amor que no anhela, sino que cuida y cura.
Pero cuando no sos luminoso, cuando no te parecés al conde Vronsky ni un poquito, o te parecés tanto que podría terminar peor que Ana, me aferro como loca a la vida, a todo lo que de ella me emociona y me atrapa, y te recorto como si fueras una foto en una revista, te saco de la escena, de mi escena, te arrugo como al papel, te tiro al tacho de basura...
Pero...
Sophie Marceau en el filme Anna Karenina, 1997
Tu insistencia en retornar me está cansando.
Ni que fueras love of my life o algo parecido. Te querés hacer pasar por un amor más largo, o un amor más sensual, a un amor amante de lengua poderosa y melodías que hacen bailar toda la noche con los pies descalzos.
No creas que no sé perfectamente que sos uno de los que hacen que pasemos de un territorio a otro, ahí estás, en la frontera entre el ayer y el mañana. Debo sortear los obstáculos, el desierto, el río, los animales salvajes que acechan, la luna llena que convoca a mis deseos más primitivos.
Lo haré, lloraré unas lágrimas sinceras por lo que pude quererte y lo que no me quisiste, pero lo haré, dejo de molestarte, te dejo atrás para cruzar al otro lado del río, y desde ahí poder nadar hacia mar abierto.
Lo haré, la canción no lo dirá pero voy a dejarte tranquilo y haré este duelo en un dos por uno, este y aquel otro y todos los duelos que hay que duelar cuando se ha vivido ya un tiempo, aunque  tenga que acostarme con dos o tres extraños que escuchan rock&roll para no pensar más.
Remar, nadar, cantar en la canoa, la mano se desliza por el agua marrón.
Y entonces del otro lado quizá, haya otras canciones y otros encuentros con menos noche y un viento que infla ya mis velas.



jueves, 30 de noviembre de 2017

Dale, okey

Dale, okey. Vamos a vernos corazón.
Dejemos los peros y los superyós en algún cajón.
Las gramáticas de él, ella, ellos. Los de antes, los de ahora. Hagamos un recreo en la gran urbe, Babilonia también alberga algunos refugios, sólo es cuestión de buscarlos y tomar posesión unos momentos.
Seamos unas horas nosotros. Hagamos nuevas canciones y nuevos recuerdos para las horas negras y los duelos. Como ese del jardín, o aquel de la cocina, el que vos quieras.
Para calentar los pies en el invierno.
Hagámoslo.
No necesitamos mentiras ni promesas, ya nos sabemos.Ya sabemos en lo que somos felices un instante de tregua.
Una vez por década por lo menos, riamos como niños o, mejor, como esquimales.

domingo, 26 de noviembre de 2017

No soy tu cofre de plomo

Te estoy agradecida, no lo dudes. Por este frescor de primavera, quién podría no tomarlo, bocanadas.
¿Pero de qué cuidan tus abrazos, tus caricias -que son como una piel de lobo para sobrellevar un invierno de guerra-, cuando empiezan el verano y los tiros?
Pero también la fiesta, dulce fiesta, el baile, eros naciente, el cuerpo que pide.
Bailar como una joven desnuda pintada por una artista alemana que murió a principios del siglo pasado, y más.
¿De qué me acunan tus brazos fugitivos cuando todo es miedo, si tu fuga está hecha de silencio?
Yo no puedo con tu [no lo diré, he aquí mi lealtad], ni con tu [su contrario], sin palabras.
No puedo (casi) nada sin palabras.
Con palabras soy valerosa, incluso, puedo hacer por un rato el papel de heroína.
Puedo adaptarme a otro guión cuando quieras.
Con palabras, a veces, me arrojo a la osadía y tomo los riesgos sin calcular, aunque termine como una presa que ya sabe de antemano que tiene pocas chances, porque desde tres lados distintos la persigue un cazador chino. El cazador chino deja una alternativa abierta a la esperanza, a la inquietud de la vida: hay una posibilidad de escapar por un flanco. Se huye hacia el futuro, se huye hacia otro amor, se huye a un escenario donde ya se despliega un nuevo libreto que interpretaremos lo mejor que podamos mientas duren los carnavales.
Te estoy agradecida por el vino, ese, el primero, y esa charla sin tanta mascarada (parecía, era mi deseo que inventaba realidades donde no las había, pero había una pequeña verdad, había tus palabras).
El capricho a veces impone la voluntad de ser salvaje y ser al mismo tiempo tan urbanos como poetas que no saben escribir pero añoran el siglo XX, y sus pinturas y sus sueños, incluso, sus tragedias, porque hasta cierto punto esas tragedias tenían otra escala.
Escucho la palabra envolvedora del filósofo poeta, me lleva a mundos que yo quisiera no abandonar nunca jamás, donde hay conversaciones que todo lo trastocan, lo oscuro y turbio, por momentos, resplandece como si alguien iluminara repentinamente con una linterna mis soles negros.
Te vas, te estás yendo, pero yo no soy Marcel y claramente no sos Albertine, porque, mal que nos pese, el mundo nuestro y aquel, tan romántico, tan humanista, no se parecen como quisiéramos.
Pero si tal fuera el caso, somos más Sodoma y Gomorra que muchachas y muchachos en flor.
Aunque es suave tu piel y honesta mi risa. Y lindas las horas que ya no son y que fuimos siendo. Y bello, tu plumaje desplegado para la conquista, a qué negarlo. Ese abrazo que no llegó a ser beso, ese que termina en punto y aparte como una sonata inconclusa o como el movimiento de una bailarina que olvida la coreografía y se deja llevar, es el que mejor nos define, tal vez lo sabíamos, pero...Porfiados.
Quisimos ser gerundio porque el pasado siempre es imperfecto. Y no daba, no estábamos dando.
Te estoy tan agradecida, que ni siquiera cuando me enojo o cuando te olvido, lo pierdo de vista.
Zarpan naves, se hunden submarinos, matan pibes.
Y dicen que hay por ahí alguien que una vez más (incesantemente) nos reclama nuestra libra de carne.
Yo la entrego si es el precio a pagar.
Y ojalá encuentres tu cofre de plomo.
(Yo soy de plata, no soy para vos).

martes, 21 de noviembre de 2017

Como ella quiere, y no sabiendo


"El saber no sabiendo es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo jamás le pueden vencer;
que no llega su saber a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo".
(Sor Juana De la Cruz)


"Es la ley de Lol. 
Una demanda que hace que ella reclame ser besada sin pedirlo. 
Hold lo dice: ella quiere estar con él, pero como ella quiere".
(Mónica Torres, "La solución Duras")

Leo del ser de a tres de Duras, según Lacan, según Miller,* leyendo ambos a Lol V. Stein y su arrebato de amor, del que ya he escrito aquí.
Noises off, P. Bogdanovich, 1992
Puede que no entienda casi nada, pero si leo a Duras soy allí, como Lol o como un personaje de Silvina Ocampo que ama desesperadamente porque imagina, y cuanto más imagina más cela, y cuanto más cela, más desea.
Y es por eso que nos resistimos al amor. Porque nos resistimos al dolor,y es imposible una cosa sin la otra, el precio a pagar con una libra de carne de nuestro corazón.
Son tiempos de retaceo y negociación, regateamos como si vendiéramos mercancías en una feria de un pueblo costero, un toma y daca que nos deja a todos más pobres, más solos, pero (otra falsa premisa) más seguros.
Y encima, en las redes, todo lo imaginario se amplifica: los pequeños comercios de afectos expuestos, puestos en escenas, escarceos y despliegues de plumajes propios y ajenos, cortejos semi públicos,mascaradas para encubrir los verdaderos romances, persecuciones torturantes, indiferencias extenuantes, espionaje detrás de cortinados y trampillas virtuales donde -por más que nadie roce a nadie, todos vemos y miramos-, e igual van a parar allí los cadáveres, los gusanos, los prejuicios, los deshechos y las entrañas heridas de muerte de los que se atreven a salir de libreto.
Un poco de comedia que hace llorar, un paso de tragedia que hace reír.
Una pieza dentro de otra pieza, como si fuera una comedia de enredos de Lubitsch, Bogdanovich o DaríoVittori.

John Everet Millais, Ofelia. 1851.
Óleo sobre lienzo, 76,2×111,8 cm. Tate Britain. Londres
***********
Pero a la vez no soy ellas, ni Lol ni los personajes de Silvina, (ni mucho menos ninguna Ofelia, aunque aveces pueda acudir en tu ayuda) que aveces recogen -y gozan de hacerlo aunque lo padezcan- las migajas que sus amantes les destinan luego de amar en otras.
Incluso, si sus amados (también, o más) aman a otras, estas Silvinas que nos habitan, arden más hasta consumarse y consumirse.

De amar sé menos cada vez, pero quiero hacerlo a mi manera, quizá sea toda la sabiduría amorosa (si es que tal cosa existe) que una mujer pueda encontrar.
Pero, acaso, amar, gozar, desear, ¿es posible vivir algo de esto como si no existiera toda la literatura y el arte que nos construyen (a nosotras, a nuestro deseo, al prisma a través del cual comprendemos y sentimos la experiencia?).
La otra, la escena temida, el ser de a tres, no sé qué es para los señores genios del lenguaje y del inconsciente deseante.
Apenas sé (yo) que en ese espejo puedo perderme, puedo pasar a un mundo más fantasioso que el de Alicia, puedo amarte incluso solo a condición de que sigas siendo de ella, pero, ¡ay de mí, ay de nosotras! Me he cansado.
No quiero saber más de ella, mi fantasma, tu goce, mi tortura.
Ser o ser, E. Lubitsch, 1942.

*********
¿Me atrevo?

Quiero estar en la escena,quiero ser yo sin esa otra.

¿Será posible?

Nada sé.

Pero por favor, haceme reír esta primavera, con eso bastará.







* Ver más en http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/002/template.php?file=arts/variaciones/torres.html

lunes, 20 de noviembre de 2017

Que todo sea música y poesía

Camille Claudel, El gran vals, 1905
"Had we but world enough, and time..."

(Andrew Marvell, A su esquiva amada, alrededor de 1650: "si tuviéramos tiempo y mundo suficientes")

Cuando te pienso sos tan real que mi piel lo sabe antes que yo.
Sabe de qué estamos hechos, sabe del dolor que nos constituye, sabe de lo irremediablemente perdido que añoramos a veces, de los duelos que hemos hecho por lo que pudo haber sido.
Y del galope de los caballos salvajes.
Pero también sabe que estamos hechos, según dijo el poeta perro latinoamericano (y yo misma  tergiverso), de sangre, carne, semen, flujo, risas y lágrimas.
Cuando te pienso mis ojos saben antes que yo de qué estás hecho.
Se sosiega un poco el caos, hablamos, entonces pasamos de ese estar en medio de una pelea injusta y brutal de todos contra todos, para solaz de los amos, a un cierto orden de los cuerpos. No se trata de un orden controlado, es más bien una sustancia organizada por el deseo. Una pequeña tregua, un mínimo acto de arrojo.
Cuando nos abrazamos el mundo parece un poco más alegre, o menos triste, que es casi lo mismo pero distinto.
Cuando estás cerca hay más libertad. Hay más belleza en estos movimientos, la sangre fluye, nos desplazamos hacia alguna parte que puede ser externa a nuestro abrazo pero habita a la vez en nuestro sistema nervioso.
Ninguna ciencia sabe cómo explicar esto que estamos siendo nosotros y el mundo.
Nosotros somos también los nuestros y los que fuimos antes de encontrarnos. Y lo que imaginamos, incluso, todo eso que nada tiene que ver con este hic et nunc, que existe como posibilidad de un mañana que no podemos saber si llegará.
Somos todos los hombres y las mujeres de nuestros linajes, pero somos únicos.
Tu olor es como una propuesta que acaricia.
Suena The zombies.
No quiero saber más nada de los demonios por un tiempo.
Quiero irme al mar, al bosque, a la montaña, al río sin orillas.
Me hundo en el agua de un lago en la cordillera y el frío golpea mi pecho.
Eso fue en otro tiempo pero también es ahora, porque la palabra puede hacer esa magia.
(Inventarnos también a fuerza de decir: vos, yo, nosotros.
Necesitamos pronunciar nombres, enunciar una gramática que nos de forma y sustancia para escapar al vacío y a la nada que apenas sospechamos).
Paula Becker,
Niña en un bosque de abedules

Pero aun así, esto es la vida: zambullirse, emerger de un salto y llenar el pecho de ese aire que todavía conserva la memoria de sus remotos orígenes.
No quiero leer los diarios ni los portales ni mucho menos ver tele. Apenas las redes. Algo de radio.
Quiero que todo sea música.
Bailar hasta que me duelan las piernas.
Correr hasta que el cuerpo lo quiera.
Quiero leer poesía. Quiero escuchar las canciones que me envuelven cuando te pienso, te invento, te imagino, te encuentro, te detesto, te olvido.
Quiero una tregua que calme todo este asunto del vivir encarnados y ensartados por esta brutal manga de seres desalmados y enfermedades inventadas por la codicia.
Siento, como Paula Becker o la desesperada Camille Claudel y tantas antes que yo, que es preferible tomar riesgos a tener la vaca atada.
Es preferible escribir tonterías y deambular por ahí como las  artistas "locas" de principios de siglo que encadenarse a la muerte del desencanto y el desamor entre sábanas de seda y comodidades que enmascaran agonías.
No es romanticismo, lo juro, es supervivencia, es mi corazón que se niega a dormirse antes de tiempo.
Quienes están seguros y confortables quizá me miren con desdén o compasión. Nada saben del gozo (efímero, claro que lo sé), que muta a abismos profundos cuando el frío invierno llega; y aun así elijo cada vez.
Caer.
Prefiero caer, caer y perder, perder una vez más.
Sospecho que hay más calor en la caída que en  esas casas calefaccionadas rodeadas de alambres de púas y juguetitos TEC  para sentirse menos solos y menos angustiados.
Más calor en un abrazo de dos cuerpos que mienten lo menos posible, que se animan a quitarse las máscaras que usamos para no ir tan desarmados en medio de la jungla de predadores.
Respiro.
La libertad de llegar a ser quienes somos al menos un instante mientras el río sigue corriendo y el mundo escupe sus cadáveres.
Te miro. Sonreís. Sonrío.
Y eso a veces es suficiente para seguir: el movimiento de la vida en movimiento hacia todo eso que nunca sabemos.